Por fin renuncié a mi empleo y no saben lo bien que se siente, bueno en realidad no renuncié literalmente, digamos que torcí la realidad un poco, para ajustarla a mi beneficio. Hice esto porque nunca se me dio muy bien las rupturas, soy de los que prefiero desaparecer y dejar que la otra persona entienda el mensaje, no muy valiente, pero efectivo.
Dentro de quince días me iré de allí y no volveré más. Es curioso que terminé encariñándome con ese lugar, curioso porque me pagan poco, no me gusta lo que hago y no me gustan los dueños; pero si algo he aprendido a lo largo de mi vida es que se le puede sacar una lección a cada cosa que nos sucede, incluso a las que no nos gusta. También es curioso que cuando entre a la empresa yo mismo olvidé esa lección y fue mi hermana la que vino al rescate para recordármelo.
Estaba en lo más bajo, o al menos así me sentía, odiaba e lugar, odiaba lo que hacía y me odiaba a mi mismo por no haber estudiado un poco más y así conseguir algo mejor ( estudiar más!!! imaginense). El motivo por el que debía permanecer en ese trabajo era que en la universidad me pedían un mínimo de horas de trabajo para poder graduarme y no tenía otra opción. Así que una semana de trabajo fue suficiente para quebrar mi espíritu.